
Cuando en el año 1957 el Sputnik 1, el primer cuerpo celeste artificial, orbitó la Tierra inaugurando así la era espacial, nadie se imaginaba las direcciones de su posterior desarrollo ni las dimensiones de la aeronáutica del futuro. Mientras que los primeros proyectos espaciales aún estaban marcados por el deseo de conquistar la luna y otros planetas y utilizarlos como base para volar a otras estrellas, pronto se percibió la utilidad de la aeronáutica para aplicaciones terrestres. El „vuelo a las estrellas“ se convirtió en la „aeronáutica para la Tierra“. Los satélites se clasifican en diferentes categorías básicas que, a su vez, están divididas por ámbitos de aplicación:
El término de satélites de aplicaciones engloba todo un grupo de sistemas de satélites. Entre ellos están los satélites empleados con fines de comunicación, navegación, observación de la Tierra y estudio del medio ambiente. Éstos están, por tanto, al servicio de determinados campos de investigación y, de acuerdo con ello, están equipados con instrumentos, aparatos y sensores específicos dependiendo de su misión.
Los satélites científicos abarcan una amplia gama de distintas categorías y tipos de satélites. Por una parte, están las sondas que estudian los planetas y sus satélites dentro del sistema solar, así como la estrella central, nuestro sol. Por otro lado están los satélites astronómicos, cuya misión consiste en estudiar las profundidades del universo – las estrellas, las galaxias y los fenómenos del cosmos. Mu-chas veces también los satélites de observación de la Tierra y los satélites de estudio del medioambiente son considerados como satélites científicos, dado que proporcionan datos empíricos para su posterior evaluación. A los satélites científicos y las sondas interplanetarias también se les conoce como satélites de investigación.
Desde el inicio de la era del espacio y de los cohetes, la observación de la Tierra con fines de reconocimiento está en el mismo centro de la mirada desde el espacio. La tecnología basada en los satélites ha hecho posible detectar situaciones de relevancia para la seguridad. Los satélites pueden localizar con la más alta precisión los focos de crisis en todo el mundo realizando, de este modo, una contri-bución decisiva a la alerta temprana. Gracias a los sistemas ópticos y electrónicos, estos satélites materializan una aportación importante al reconocimiento militar.